Exposición temporal


La sala de exposiciones temporal está dedicada a Josep Barberà, quien, en los años 50 del siglo XX junto a otros aficionados a la arqueología, hizo las primeras excavaciones en el poblado de Ca n'Oliver y siempre dio su apoyo al equipo que a partir de los años 80 retomó los trabajos arqueológicos.

La sala Josep Barberà está destinada a acoger el programa de exposiciones temporales del Museo de Historia de Cerdanyola. Cada año se programan muestras de temática diversa relacionada con el patrimonio cultural y natural. El programa de exposiciones temporales tiene como objetivo la divulgación histórica, etnográfica y natural, en sentido amplio, procurando aportar datos y objetos relacionados con Cerdanyola y conseguir la participación de personas y entidades de la ciudad, con la voluntad de implicar a la sociedad civil en el día a día del Museo.

Para alcanzar estos objetivos y profundizar en los contenidos de las exposiciones se diseña un programa de actividades complementario, a menudo en colaboración con otros museos y servicios municipales.



Exposición actual: El fardo de la posguerra. Cuando el hambre agudiza el ingenio



Del 3 de septiembre al 1 de noviembre

Los tres años de guerra habían dejado una economía totalmente desorganizada: el comercio se paralizó, hubieron grandes dificultades en los transportes, las comunicaciones, carencia de materias primas y de carbón, de recambios de maquinaria y de productos auxiliares, pero el aparato productivo, es decir, fábricas y toda la maquinaria habían restado prácticamente intactas. Una vez acabada la guerra empieza un periodo de recuperación aprovechando las posibilidades que daba una mano de obra extremadamente barata y sin ninguna posibilidad de protestar por las miserables condiciones de vida y trabajo.

La política económica del gobierno fue desastrosa y provocó la aparición de un mercado negro al margen del oficial, en el que había que moverse para conseguir la comida! A la vez era conveniente tener buenos contactos con las autoridades, militares, municipales o policiales, para que las cosas fueran más fáciles. La mayoría de la población vivía en condiciones precarias, trabajando muchas horas y obteniendo poco dinero, con lo que no tenía acceso a los alimentos que proporcionaba el estraperlo, el comercio ilegal de productos del mercado negro. Mientras los precios oficiales correspondían a los cupones adjudicados a las familias y que eran insuficientes –en muchas ocasiones ni siquiera se podía comprar lo que la cartilla adjudicaba–, se podían comprar mayores cantidades y otros productos de manera ilegal y a precios mucho más altos.

Por todo esto la exposición El fardo de posguerra quiere rendir un homenaje a todas aquellas familias que vivieron una de las etapas más duras y largas de nuestro país.





Próximas exposiciones



Marca Hispanica. La Cataluña carolíngia (711-1000)



Todos somos monasterio. Coincidencias insólitas